La Administración económica del Estado
La verdadera soberanía de un país se mide en términos económicos, compulsando su grado de autonomía en relación con las organizaciones del crédito internacional y de las relaciones comerciales internacionales. En estos momentos, el Perú se encuentra atado por decisión de sus propios gobiernos, a una serie de compromisos que determinan una directa dependencia de los centros de poder político y económico. Si el país carece de una infraestructura productiva bien orientada que permita generar términos de intercambio comercial equitativos para la parte peruana, y al mismo tiempo carece de ahorro interno e inversión reproductiva, queda a merced de lo que se decida política y económicamente fuera de sus fronteras.
Este es nuestro caso, en los últimos años se ha venido siguiendo una política neoliberal a ultranza que sólo es capaz de promover mercados de exportación para productos primarios, a la vez que se condiciona la adquisición de los bienes de capital exclusivamente en el exterior, sin margen para la industria nacional, y se adquiere el compromiso de asimilar mercadería barata, que termina de lapidar la escasa manufactura subsistente. Esto es lo que el Gobierno ha pactado en una serie de Tratados de Libre Comercio, celebrados en forma precipitada, con la falsa premisa de que abre mercados ilimitado a los productos primarios y escasísimos productos terminados nacionales. Es superfluo que los mercados potenciales extranjeros sean tan extensos como se dice, si el país carece de capacidad de producir mercadería competitiva suficiente en calidad y precio para esos mercados. Como contraparte, el Perú se ha sujetado, sin necesidad alguna, a una serie de condiciones impuestas por los grandes centros de producción industrial, que han querido asegurarse la dependencia absoluta del Perú a sus intereses, muchas veces más allá de los asuntos propiamente comerciales, para condicionar también indeseables sujeciones políticas.
“Confluencia Nacional” se hace un deber de explicar claramente a la ciudadanía por qué el supuesto crecimiento económico del Perú, que propalan indiscriminadamente todos los medios de comunicación del sistema, sea Radio, Televisión y prensa escrita, corresponde sólo al crecimiento de los sectores de exportación y servicios, en base al incremento, año tras año en la producción de productos primarios, gracias a las facilidades y privilegios obtenidos del Gobierno, sin que tal crecimiento tenga algún correlato en el incipiente crecimiento de la mayoría de las poblaciones de todo el país, cada día más pobres y más desamparadas de todo lo que signifique progreso social verdadero y satisfacción de las necesidades más elementales en materia de alimentación, educación, salud y trabajo permanente.
Dentro de la visión socio política que antecede, y que ha de ser ampliamente expuesta y debatida con los representantes de todos los estamentos populares y de todas las comarcas del país, un gobierno de “Confluencia Nacional” deberá finalmente plantear términos más equitativos para el intercambio comercial con todas las naciones, de modo tal que los tratos ya efectuados puedan evolucionar hacia características más positivas, que siendo mutuamente beneficiosas, permitan al Perú salir del subdesarrollo con real beneficio para toda su población, y no sólo como ahora, a favor de una única élite industrial - comercial y de las empresas trasnacionales establecidas en el Perú, muchas veces con abuso y prepotencia en desmedro de la dignidad de los peruanos.
Para “Confluencia Nacional” la administración de los recursos del Estado comprende la solución de la problemática expuesta de modo tal que sea posible la explotación sostenible de dichos recursos y la recaudación de la renta que sea equitativa para todas las partes involucradas, y que asimismo permita el ahorro nacional y la inversión reproductiva para la generación sostenida de empleos en relación con las necesidades de la población en permanente crecimiento. Esto implica la transformación de la actual economía de mercado, en una economía social de mercado, lo cual no tiene por qué significar mayor endeudamiento público ni tampoco gasto por encima de la real producción de riqueza. En este camino se encuentra el crecimiento de las reservas del Estado, la regulación de la inversión y el gasto públicos, el fortalecimiento del signo monetario y la estabilidad del mercado de cambios; y por supuesto, la reforma responsable y técnica del régimen tributario actual, que deberá servir no sólo para financiar los gastos del Estado, sino básicamente como herramienta de promoción y desarrollo.


